Saturday, September 16, 2017

TIBERIO, O EL PODER EJECUTIVO

- Robert Turcan. Tibère. Paris: Les Belles Lettres, 2017, 348 páginas.

En abril de 1811, Thomas Jefferson, recientemente retirado de la Casa Blanca, escribe una carta premonitoria a Alexander von Humboldt sobre las revoluciones en el Sur de América: "Their greatest difficulty will be in the construction of their executive" [ver]. Jefferson tenía razón. Doscientos años más tarde, éste sigue siendo un grave problema político en la región. El caso argentino lo ilustra bien: en situaciones de mala coyuntura global, un ejecutivo débil da lugar al caos y a la incertidumbre; es reemplazado por un ejecutivo fuerte (generalmente peronista) que se tienta con la suma del poder—hasta que la gente se harta del despotismo y la corrupción y vuelve a optar por un ejecutivo menos ambicioso. Et ainsi de suite. Por eso me interesó esta biografía de Tiberio, el sucesor de Augusto. Tiberio es el fundador del poder ejecutivo en la Roma imperial. Robert Turcan se esfuerza por rehabilitar la imagen de este emperador con gran sentido de la res publica, injustamente denigrado por un 'periodista' (Tácito) y por un 'biógrafo de escritorio' (Suetonio).

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Cuando Augusto muere en 14 AD, todas las miradas están puestas en Tiberio, hijo adoptivo del emperador, nacido del primer matrimonio de su mujer Livia con Tiberius Claudius Nero. Pero la división del poder entre senado y emperador, bautizada diarquía por el historiador alemán Theodor Mommsen (en referencia a la época de Augusto), es rechazada por los propios senadores. Robert Turcan enfatiza muy bien este punto. Los senadores no desean compartir el poder. Uno de sus líderes, Asinus Gallus, declara que el Estado necesita un jefe. Pero Tiberio se esfuerza por mantener "el prestigio y el poder de los senadores y de los magistrados"; consulta al senado sobre una amplia gama de temas: impuestos, nombramientos, diplomacia, asuntos militares—sin olvidar la espinosa cuestión de la sucesión.

Turcan culpa a los senadores por su "lamentable" servilité sénatoriale. Se han rebajado al punto de perder toda dignidad. Tácito, escribiendo un siglo después de los hechos, los calificará de "esclavos". ¿Pero es realmente así? El biógrafo, que muestra bien las falencias del relato de Tácito, no esconde su preferencia por Polibio, el gran historiador griego del siglo II AC. Pero podría haber utilizado el Libro VI de las Historias para interpretar los hechos tras la muerte de Augusto. Los senadores están haciendo lo correcto—están sentado las bases de un régimen monárquico bajo la ley. El poder 'ejecutivo' tiene que ser uni-personal y fuerte. El caos vivido por la generación de Pompeyo y Julio César así lo demuestra. Cuando Tiberio negocia con los soldados amotinados en Germania, negocia en nombre del senado; al hacerlo, pasa de emperador de facto a emperador de iure. Brillante.

Tiberio se ocupa personalmente de los detalles de la administración del imperio. Cuando asiste a los juicios, no lo hace para usurpar el poder de juzgar —como la harán sus sucesores inmediatos (1, 2)—, sino porque los senadores no se ocupan de estos asuntos. Claro que importa la 'independencia de la justicia' (para usar un término moderno). Pero importa más que exista una administración de la justicia (*). En las causas judiciales, Tiberio actúa "como senador y como juez, no como príncipe", dice Velleius Paterculus (genial cita que el autor utiliza para poner de relieve a este historiador contemporáneo de Tiberio). Una mención aparte merece la siniestra lex maiestatis Populi Romani (alta traición), cuya aplicación podía llevar en lína recta a la tiranía. Robert Turcan enumera los numerosos casos en que Tiberio rechaza de plano su aplicación. El emperador también se ocupa del gasto y de los impuestos. Evita subas excesivas de impuestos en las provincias y vigila el gasto de cerca: "Il tenait à la santé des finances publiques". Al morir en 37AD, deja las cuentas públicas en perfectas condiciones y un tesoro con 2700 millones de sestercios—que Caligula dilapidará rápidamente.

Cuando se retira a Capri en 26AD, Tiberio cae en el peor error que puede cometer el titular del poder ejecutivo: compartir su poder [ver]. Lucius Aelius Sejanus, su hombre de confianza en Roma, no duda en envenenar a Drusus (hijo de Tiberio) e intenta alcanzar la cima del poder, probablemente por intermedio del joven Caligula. Tibero reacciona. En 31 AD, a los 74 años, liquida a Sejanus y logra restablecer el orden. Pero el daño está hecho. La lucha por la sucesión se vuelve encarnizada. La vida de Tiberio ilustra la tragedia de un hombre de Estado con serios defectos, pero honesto, trabajador y culto (hablaba griego y le apasionaba la astronomía), que dedica vida a la causa de la res publica. En definitiva, Tibère es un libro sorprendente y tremendamente importante para entender la naturaleza del poder ejecutivo. Aconsejando a Catalina II de Rusia, Denis Diderot —gran lector de Tácito— sugería "atar" el poder ejecutivo a instituciones duraderas para evitar lo que hoy llamamos Bad Emperor Syndrome [ver]. En la misma línea, James Madison advertía: "Enlightened statesmen will not always be at the helm".

En 2017, Donald John Trump es presidente de los Estados Unidos.

(*) En Wealth of Nations (I.19), Adam Smith  —gran defensor de la independencia judicial [ver]— afirma que la tasa de interés será alta en ausencia de autoridad judicial: "Among the barbarous nations who overrun the western provinces of the Roman empire, the performance of contracts was left for many ages to the faith of the contracting parties. The courts of justice of their kings seldom intermeddled in it. The high rate of interest which took place in those ancient times may perhaps be partly accounted for from this cause".

1 comment:

  1. Estamos esperando tu opinión sobre "la independencia de Cataluña".

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