Saturday, August 15, 2020

TRES DE CONTRAPESOS

Line chart of Gross domestic product per capita showing Left in the dustAM | @agumack

"Checks and balances are our only security" — John Adams

[1] Marcel Gauchet. Estuve unos días en París, en una visita-relámpago a mis sobrinas. Me saqué fotos frente a la estatua de Condorcet, y frente a la casa donde se Benjamin Franklin y John Adams firmaron el acuerdo de paz con Gran Bretaña en 1783. Lamentablemente, estaba cerrada la Librairie philiosphique J. Vrin, y no pude ir a la Librairie Guillaume Budé. Pero encontré el libro de Marcel Gauchet sobre la Revolución francesa que buscaba desde hace tiempo (*). El Sr. Gauchet menciona la importancia de las ideas políticas de John Adams [ver] en dos etapas distintas de la Revolución: (1) en los comienzos en 1789, cuando se debate el bi-cameralismo y el poder de veto del rey; (2) en 1795, tras el colapso de la dictadura de Robespierre, cuando el equilibrio de poderes vuelve a ser prioritario. La parte II, dedicada a Thermidor, contiene un estudio detallado de Pierre-Bernard Lamare (o La Mare) autor de L'Équipondérateur, ou une seule manière d'organiser un gouvernement libre (Paris: An III).

* * *

Lamare tradujo a Adams en 1792, en una edición publicada en dos tomos por Buisson bajo el título Défense des constitutions américaines ou De la nécessité d'une balance dans les pouvoirs d'un gouvernement libre (12). Volveré sobre el notable libro de Marcel Gauchet. Ya en la introducción —donde menciona el fracaso de la revolución francesa y el éxito de la estadounidense—, afirma: « ... la bonne marche du gouvernement représentatif exige des moyens qui se situent à l'opposé de ceux dictés par la déduction. » En otras palabras: la democracia solo puede tener éxito si apela al equilibrio. Y el equilibrio en democracia viene dado por los elementos opuestos —el principio monárquico (un poder ejecutivo unipersonal y fuerte), y el principio aristocrático (bicameralismo e independencia judicial). ¿Brillante? No. ¡Absolutamente brillante! Se va precisando en mi mente el plan de una biografía intelectual (en castellano) de John Adams.

(*) Marcel Gauchet. La Révolution des pouvoirs. La souveraineté, le peuple et la représentation 1789-1799. Paris: Gallimard, 1995.
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[2] Jueces & banqueros centrales. En un tuit reciente, Manuel José García-Mansilla comentaba un pasaje (cuya fuente desconozco) sobre los incesantes vaivenes en la Corte Suprema: "Desde 1947, los miembros de la Corte Suprema presentaron la renuncia masiva o fueron destituidos solo ocho veces". Este es el comentario de MJGM: No fueron “solo ocho veces”. Fueron 9 (1947, 1955, 1960, 1966, 1973, 1976, 1983, 1989 y 2003). Y no podemos naturalizarlo. Excelente. Ocho veces ya es una barbaridad.

Se trata de uno de los criterios-clave de la independencia judicial: el tenure en el cargo de jueces. Ya lo hemos señalado en Contrapesos, pero me permito insistir: el problema del tenure se refleja también en la cúpula de banco central. En enero de 2016 llamé la atención sobre el desembarque 'salvaje' del equipo Sturzengger-Llach en el banco central, con una purga estalinista del directorio kirchnerista:

No dudo que el Sr. Vanoli y la mayoria de los directores kirchneristas tenían que irse. Sus puntos de vista eran demasiado opuestos, y sus (des)conocimientos técnicos no parecen relevantes para la nueva administración. Pero su desplazamiento coloca al gobierno ante un dilema: ¿Cómo podrá hablarse de un banco central independiente después de semejante purga? Una vez más, el BCRA hace el ridículo ante el mundo por su incapacidad de asegurar el tenure de sus autoridades.

Las consecuencias están a la vista: alta inflación, moneda desvalorizada y desprestigiada, pérdida de competitividad. Lo peor es que el dilema tenía solución—tanto en la Corte como en el BCRA. Cuando un gobierno (civilizado) necesita demostrar autoridad, puede perfectamente hacerlo a condición de auto-imponerse, en el mismo acto, claros límites a posteriori.

Una oportunidad histórica fue desperdiciada, en gran parte por el desconocimiento del gobierno mixto y de los contrapesos institucionales. Cuando el Sr. Macri perdió las elecciones en 2019, los kirchneristas —como era de esperar— procedieron de la misma manera que la dupla Sturzenegger-Llach en 2015. Y todo indica que seguiremos así, repitiendo hasta la eternidad el ridículo de Kotsuké no Suké [ver].

(*) Agustín Mackinlay: "Macri y los contrapesos: un pésimo comienzo", Contrapesos, 3 de enero de 2016. Sobre Manuel José García-Mansilla, ver: "Sobre el brillante artículo de Manuel José García-Mansilla", Contrapesos, 27 de junio de 2020.
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[3] El último dictador de Europa. La dictadura de Alexander Lukashenko, que lleva ya 26 años, está tambaleando. La represión se intensifica. Se habla de 7 mil personas detenidas. Según un testimonio publicado en el Financial Times, mujeres detenidas sufren amenazas de violación para "que aprendan a votar" (*). Hay 9.5 millones de habitantes en Bielorrusia, muchos de los cuales tienen buenos niveles de formación y capacidad emprendedora en nuevas tecnologías. Pero sucede lo que siempre sucede en ausencia de contrapesos institucionales: alto costo del capital y bajos salarios. La comparación con Polonia es elocuente (gráfico):

Mr Lukashenko’s unpopularity has deep roots. Having won Belarus’s first and last competitive elections in 1994, the former collective farm boss built a command economy, propped up with Russian subsidies. The model offered Belarusians full employment, rising wages, and economic stability, but at the price of an increasingly authoritarian political system. In the past decade, however, this authoritarian social contract has begun to unravel as Russia withdrew subsidies, wages stagnated, and workers were forced into precarious contracts.

Según Andrei Kolesnikov, del Carnegie Moscow Center, "Belarus is coming out of these elections a completely different country. If you get rid of Lukashenko and don’t let Putin in, it’s a European country. It’s not a country where disciplined rural people are harvesting potatoes any more".

(*) James Shotter & Max Sheddon: "Europe's last dictador in a brutal fight for survival", Financial Times, 14 de agosto de 2020.
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