Monday, September 26, 2011

DILMA vs. CORRUPCIÓN
"Sepárense los poderes, y se mantendrá la pureza de la administración" — Mariano Moreno

Por AM

Habrá leído varias crónicas periodísticas sobre la cruzada anti-corrupción de la presidenta del Brasil. Por lo general se limitan a decirnos lo obvio: Bravo Dilma. Los más sofisticados notan que la presidenta basa (en parte) su tarea en datos que lee en la prensa, una démarche opuesta a la de varios de sus colegas del continente, que intentan hacerle la vida imposible a la prensa libre. Pero Usted viene a Contrapesos para leer algo más que eso. Déjeme decirle las verdaderas razones de la lucha anti-corrupción en el vecino país.

La primera razón es de tipo económico. No hay países con moneda firme y altos niveles de corrupción; estas variables son mutuamente excluyentes. ¿Por qué? Porque altos niveles de corrupción indican ausencia (o debilidad) de contrapesos institucionales — y por lo tanto, inseguridad de la propiedad y alto costo del capital. Nadie aguanta una situación así: Tailandia 1997, Argentina 2001, Grecia 2011, etc, etc. Por eso la percepción de corrupción es tan baja en países con moneda fuerte como Noruega, Suiza, Suecia, Canadá.

Si el Brasil aspira a ser un país de moneda fuerte (como lo indica la participación de su banco central en la red de swaps global), entonces no tiene más remedio que reforzar los contrapesos. La segunda razón tiene que ver con la noción de soft-power [ver]. Para poder jugar un papel relevante en las grandes ligas de la diplomacia internacional, el Brasil necesita —de manera urgente— una mayor dosis de credibilidad en sus propias instituciones.
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