Agustín Mackinlay
"La mayor historia de honor jamás contada" —Aki Monogatari
La lectura 'republicana' de Montesquieu se centra en unas pocas páginas de Esprit des lois XI.6 supuestamente referidas a la 'separación' o 'división' de poderes, términos nunca utilizados por el autor. El resto de la obra es olímpicamente ignorado, incluso en excelentes tratados como Machtteilung: Geschichte der Mischverfassung (2006) de Alois Riklin.
Un aspecto descuidado de Esprit des lois es la idea según la cual las crisis fiscales son fenómenos endógenos. Con su corolario de contracción crediticia, impuestazos, bajos salarios e inseguridad, una crisis fiscal es el resultado de la inseguridad sobre el cumplimiento de los contratos. Y esta inseguridad, a su vez, es provocada por la tentación despótica [1].
* * *
El honor: un freno no-institucionalEn EL IV.2, Montesquieu ofrece varios ejemplos para ilustrar cómo el honor, principio esencial del régimen monárquico moderado o 'temperado', actúa como un freno informal, no-institucional, frente al abuso de poder:
Il n'y a rien dans la monarchie que les lois, la religion et l'honneur prescrivent tant que l'obéissance
aux volontés du prince: mais cet honneur nous dicte que le prince ne doit jamais nous prescrire une
action qui nous déshonore, parce qu'elle nous rendrait incapables de le servir.
Crillon refusa d'assassiner le duc de Guise, mais il offrit à Henri III de se battre contre lui.
Après la
Saint-Barthélemy, Charles IX ayant écrit à tous les gouverneurs de faire massacrer les huguenots, le
vicomte d'Orte, qui commandait dans Bayonne, écrivit au roi : « Sire, je n'ai trouvé parmi les
habitants et les gens de guerre que de bons citoyens, de braves soldats, et pas un bourreau; ainsi, eux
et moi, supplions Votre Majesté d'employer nos bras et nos vies à choses faisables. »
Louis des Balbes de Berton de Crillon (1541-1615) se niega a asesinar al Duque de Guise, el enemigo de Henri III. El militar
más valiente de la época
desobedece explícitamente la orden del rey, aunque le informa que aceptaría enfrentar al duque al mando de un ejército. En 1572, Orte había
desobedecido la orden de Charles IX de masacrar a los protestantes.
Montesquieu concluye:
(a) Si el monarca exige a los 'poderes intermedios' que actúen sin honor, será desobedecido y perderá autoridad.
(b) Pero si logra imponer la mala fe, la traición y la cobardía, provocará un cambio en la naturaleza del régimen, que pasará a ser despótico. Las consecuencias son conocidas: inseguridad contractual y física, crisis fiscal, altas tasas de interés, impuestazos y colapso.
Es decir: solo el honor garantiza la estabilidad del régimen monárquico. Es una cualidad intangible, informal, no-institucional. No es completamente racional. Nace de la educación. El honor actúa como una mano invisible —Adam Smith toma su idea más famosa de Montesquieu— que conduce a la seguridad, la libertad y la prosperidad de los ciudadanos [2].
Honor y principio monárquico: lecturas y observaciones
Antes de pasar al problema de la natural —y perfectamente entendible— falta de honor en las repúblicas, propongo una serie de ilustraciones sobre el honor en las monarquías. Vienen de algunas lecturas, series y observaciones en los mercados financieros.
(a) Heimskringla. En la batalla de Boknafjorden en 1030, los guerreros del duque Erling Skialson apoyan al rey de Dinamarca Knútr contra Óláfr Haraldson y su intento de recuperar el trono de Noruega, perdido en 1028. Sin jamás rendirse, los guerreros de Erling caen uno por uno. Cuando solo queda el duque con vida, Óláfr le ofrece rendirse con honores.
Erling acepta y entrega su casco, su espada y su escudo. Entonces llega el comportamiento vergonzoso. Primero, Óláfr provoca un corte en la cara de Erling con su hacha. Luego, uno de sus guerreros le parte la cabeza de un hachazo. Snorri Sturluson deja entrever que Óláfr entiende lo que esto significa: no recuperará el trono de Noruega.
La noticia de la ignominiosa ejecución del duque Erling se propagará a lo largo de Noruega. Los nobles que ejercen el 'poder intermedio' —y que controlan gran parte de la recaudación tributaria— nunca más confiarán en Óláfr. Ha tirado su honor por la borda, y su autoridad se ha desvanecido. En julio de 1030, Óláfr muere en combate junto a sus valientes poetas en la batalla de Stiklestad [3].
* * *
(b) Kotsuké no suké. Gran lector de la Heimskringla de Snorri Sturluson, Jorge Luis Borges publica "El incivil maestro de ceremonias Kotsuké no Suké" en Historia universal de la infamia (1935). La idea proviene de Tales of Old Japan de A. B. Mitford [1871]. La manipulación de la justicia desestabiliza la propiedad: el señor de la Torre es condenado a muerte en un fallo absurdo, y lo pierde todo [ver].
Borges: "La Torre de Takumi no Kami fue confiscada; sus capitanes desbandados, su familia arruinada y oscurecida, su nombre vinculado a la execración". Mitford: "... his castle of Akô was confiscated, and his retainers have become Rônins, some of them took service with other daimios."
El episodio da lugar a la mayor historia de honor jamás contada. Los valientes, pacientes y honorables samurai no pueden dejar semejante crimen sin castigo. A notar el toque à la Montesquieu: Kotsuké no Suké termina perdiendo todo, incluso su propia vida. (Nota: la fragilidad del poder despótico aparece en los poemas de Borges sobre Tamerlán y los Césares.) [4]
* * *
(c) Il Gattopardo. Vi la excelente serie de Netflix y compré la edición italiana de la gran novela de Guiseppe Tomasi di Lampedusa. El rey pide al Gattopardo que actúe como espía sobre las actividades de Tancredi y sus amigos. Pero resulta que Don Fabrizio "non voleva fer la spia". El Gattopardo desobedece al rey por una cuestión de honor.
Un auténtico monarca tiene que ser fuente de fidelidad, afecto, ordine, continuità, onore, decenza, diritto y justicia. Hasta el perro Bendicò, considerado por el propio Lampedusa como "un personaggio importantissimo" y "quasi la chiave del romanzo", se siente onorato por una caricia del príncipe.
En una carta a su mujer de mayo de 1956, escrita en varios idiomas, Lampedusa resalta el episodio en el cual Don Fabrizio evita una infidelidad de Angelica "pour l'honneur de la famille." Claramente, alguien con un sentido del honor tan profundo no va a tolerar caprichos despóticos de ningún rey.
* * *
(d) Juan Carlos I y Felipe VI. Ya comenté este episodio en Contrapesos ("Argentina: cómo evitar el colapso institucional"). Con gran pompa, Felipe VI asiste en septiembre de 2024 a la jura de la presidenta del Consejo General del Poder Judicial. Isabel Perelló afirma: “Ningún poder del Estado puede dar instrucciones a los magistrados sobre cómo han de interpretar el ordenamiento jurídico.”
La mirada del rey vale mil palabras. ¿Podría presentarse el 'juez' Lijo en un escenario tan solemne? ¿Podría hablar sin caerse de la vergüenza bajo la mirada del hijo del valiente rey que, enfrentando los balazos, desmanteló en persona el golpe anti-democrático de 1981? Semejante papelón sería completamente impensable. Por una cuestión de honor, el monarca no se prestaría a la fantochada.
Toda su carrera se derrumbaría en minutos. Dejaría una carga insoportable a sus hijas. Regla general: la monarquía constitucional tiene un mecanismo 'built-in' en materia de independencia judicial. El honor del monarca es una manera informal —pero tremendamente efectiva— de 'vetar' impresentables. (El bono español a 10 años rinde 3.36%).
* * *
(e) Escandinavia. ¿Hay más estabilidad monetaria en las monarquías constitucionales que en las repúblicas? Las monedas de Suecia, Dinamarca y Noruega —países con ranking crediticio AAA— se llaman corona. Por algo será. El nuevo billete de $20 de la no-república de Canadá (otro país con ranking AAA) tendrá la imagen del rey de Inglaterra Charles III [ver].
Todo el edificio institucional de estos países se derrumbaría en un proceso inflacionario 'argentino'. El anonimato relativo de las repúblicas permite echar la culpa a las circunstancias externas. En cambio, en las monarquías, hay gente de carne y hueso —con nombre, aunque sin apellido— al frente del país. Estas personas (las familias reales) harán lo imposible para evitar un default o un colapso monetario.
Otro punto: el banco central de Suecia, el Riksbank, tiene mejores notas en independencia de facto que de iure. Con esto tocamos un punto importante, implícito en Montesquieu: cuando prevalece el honor, hay menos necesidad de instituciones formales de control. Solo hace falta imaginar el enorme ahorro que esto representa en materia de carga impositiva, y/o los recursos para el Estado de Bienestar.
El honor perdido de las repúblicas
El honor juega un papel reducido en las repúblicas. Es algo entendible: no es realista esperar que las personas elegidas por el pueblo sean todas honorables. Hugo Chávez, Evo Morales, los Kirchner—todos presentan un serio deficit en materia de educación. ¿Cuál es el honor de un Máximo Kirchner, Guillermo Moreno o Donald Trump Jr.?
Cuando en mayo de 2013 Cristina Kirchner condecora a Nicolás Maduro, está ilustrando, sin saberlo, un gran principio de Montesquieu (EL.VIII.7): otorgar honores (en plural) a delincuentes significa destruir el honor (en singular) del propio régimen político. Este comportamiento garantiza que habrá una crisis fiscal y un estallido de inseguridad.
Creo que es importante enfatizar este último punto. El 99.99% de los economistas argentinos atribuye la crisis fiscal crónica de la Argentina a un exceso de demanda de crédito del sector público, resultado del deseo irrefrenable de aumentar el gasto público. Montesquieu, en cambio, enfatiza la oferta de crédito y su vínculo con la seguridad sobre el cumplimiento de los contratos.
La demanda de crédito siempre aumenta. Es algo natural. Esperar lo contrario no sería realista. En consecuencia, la crisis fiscal solo puede ser resuelta aumentando la oferta de recursos prestables en el mercado de crédito—lo que requiere sí o sí un régimen no-despótico, ya sea monárquico o republicano.
Aquí radica, precisamente, la ventaja de las monarquías. En las monarquías, el principio de honor es un freno informal contra la tentación despótica. Como este principio es muy débil en las repúblicas, éstas no tienen más remedio que poner en pie una elaborada, costosa y compleja red de organismos y mecanismos de control.
En 2025, la república argentina ilustra lo que sucede cuando no hay ni honor, ni contrapesos institucionales.
[2] Sobre el honor en Montesquieu, ver Céline Spector. Montesquieu. Liberté, droit et histoire (París: Michalon, 2010) y su artículo "Honneur" en Dictionnaire Montesquieu. Ver también: Daniel Pimbe, "Montesquieu: l'honneur, principe de la monarchie"; Ran Halévi: "La pensée politique de l'honneur", en Hervé Drévillon & Diego Venturino. Penser et vivre l'honneur à l'époque moderne. Presses Universitaires de Rennes, 2019, pp. 109-126 [ver]; Sharon Krause: "The Politics of Distinction and Disobedience: Honor and the Defense of Liberty in Montesquieu", Polity, Vol. 31, No.3, Spring 1999.
[3] La idea de la civilización occidental como judeo-cristiana o greco-romana deja de lado el papel fundamental de los pueblos nórdicos y sus monarcas meritocráticos. Ver David Gress. From Plato to NATO. The Idea of the West and its Opponents. Free Press, 1999; Jeroen W. P. Wijnendaele. De wereld van Clovis. De val van Rome en de geboorte van het Westen. Erstberg, 2024.
[4] Tengo la impresión que Borges se inspira en la poca gloriosa muerte de Snorri Sturluson cuando describe el final de Kotsuké no Suké. Ver su poema Snorri Sturluson (1179-1241). Borges admiraba los personajes históricos valientes y con sentido del honor. ___________